Revista de Energia de Hoy

Jueves, 06 Octubre 2016 08:33

No dejes para primavera lo que tienes que hacer en otoño

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Barcelona, 6 de octubre de 2016. – Llega otoño y con él los meses indicados para abordar el tratamiento para prevenir y controlar la plaga forestal más extendida en España: la procesionaria de pino. El aumento de las temperaturas durante los últimos años ha favorecido la expansión de esta plaga, que afecta ya a miles de hectáreas de pinos a nivel nacional.

“Las orugas de procesionaria se alimentan de las acículas (hojas) de pinos, cedros y abetos, cuando la temperatura nocturna se encuentra por encima de los 0ºC, afectando a varias funciones vitales del árbol. Estos pierden volumen y biomasa, reducen su crecimiento radial y su productividad, volviéndose más vulnerable al ataque de insectos xilófagos” explica Eduard Durany, gerente técnico de Anticimex. “Sin embargo, las orugas hibernan cuando la temperatura nocturna se halla por debajo de dicho valor”, aclara.

Esto implica que los inviernos cálidos, como los que vivimos actualmente, permitan a las larvas alargar su período de alimentación, lo que se traduce en mariposas hembra mucho más fértiles y en consecuencia, plagas de mayor intensidad, sobre las que es necesario actuar de forma preventiva.

Un método innovador, eficaz y sostenible

Frente a esta problemática en auge, Anticimex, compañía especializada en control de plagas, cuenta con unsistema innovador, basado en un tratamiento de inyecciones de baja presión en el tronco de los árboles afectados, que elimina totalmente la procesionaria mediante una única aplicación al año, entre octubre y diciembre.

Las inyecciones de baja presión son un tratamiento localizado, duradero, seguro, sostenible y eficaz. Mediante una inyección, directamente en los vasos conductores, el insecticida es distribuido a través de la savia a todos los tejidos vivos del árbol. Cuando las orugas se comen las hojas, éstas consumen el insecticida y mueren.

“Estos tratamientos preventivos y de control deben aplicarse durante el otoño, puesto que las orugas no han crecido suficiente y son más vulnerables. Por lo contrario, en febrero y marzo, las orugas ya se han desarrollado y son más resistentes, no siendo efectivo el tratamiento en esta fase”, explica Durany.

Aplicar el tratamiento en otoño impide el descenso de las orugas en procesión hacia el suelo, para enterrarse,evitando el momento de mayor peligro de contacto con los seres humanos y animales domésticos. Y es que, como es sabido, la procesionaria presenta una serie de pelillos urticantes que se desprenden fácilmente, y en contacto con la piel o mucosas de seres humanos o animales domésticos, causa diversas afectaciones dérmicas y respiratorias.

Hasta el momento, el control tradicional de la procesionaria se basaba en la nebulización aérea de insecticidas, con las consecuencias que conlleva hacia el medioambiente y la salud pública. Además, la nebulización no garantiza llegar a todas las larvas lo que implica que el tratamiento deba aplicarse más de una vez al año.

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